La vuelta al verano. Sábanas revueltas que parecen sacadas de una postal, pero son tuyas, de esta mañana. Los desayunos que duran lo que tienen que durar. Y entre que el sol colorea, las zambullidas en la calita y los restaurantes a los que regresas esperando que nada haya cambiado, piensas que en los meses cálidos se vive el doble de bien. Le das un sorbo al cóctel, bajas la copa, y encuentras frente a frente a tu vecino levantando una bola de discoteca como si tuviera en las manos la clave de la felicidad. Y la tiene. La vuelta al verano se compone de eso, momentos en los que no hace falta nada más. A nosotros nos gusta atraparlos en líneas y carretes, para que cuando acabe puedas mirar atrás y decir como todo un romántico: lo tenía todo.